El restaurante buffet de muchos hoteles vacacionales arrastra una estética y una operativa que han quedado completamente viejas, anticuadas. La buena noticia, y es importante tenerlo claro, es que no siempre hace falta una gran obra estructural para actualizarlo de verdad. Con decisiones bien dirigidas y estratégicas sobre distribución del espacio, iluminación adecuada y presentación cuidada del producto se puede cambiar por completo la percepción del huésped sin tocar ni un solo tabique.
De línea interminable a islas funcionales y manejables
En muchos hoteles de playa, la cafetería-bar es un espacio que simplemente “está ahí” cumpliendo su función mínima pero no lidera absolutamente nada. Sin embargo, con el enfoque adecuado, podría convertirse en el auténtico corazón social del hotel: el lugar donde pasa casi todo lo que realmente merece la pena recordar de una estancia. Para conseguir eso, el diseño tiene que ir muchísimo más allá de poner sillas, mesas y una barra estándar de catálogo.
Un espacio vivo que cambie con el ritmo del día
El bar no debería ser únicamente “el sitio de las copas de la noche”, ese rincón que se activa solo después de cenar. Por la mañana temprano puede funcionar perfectamente como extensión natural del desayuno o como punto de café tranquilo para quien madruga. A mediodía, como lugar de tentempiés ligeros para quien no quiere un menú completo. Por la tarde, como espacio versátil para merendar en familia, teletrabajar un rato con buena conexión, o simplemente jugar con los niños en una zona cómoda. Y al atardecer, cuando empieza a caer el sol, como verdadero escenario social del hotel.
La clave absoluta está en crear atmósferas diferenciadas que acompañen de forma natural esos distintos momentos del día con iluminación regulable, música ambiental adecuada a cada horario y disposición flexible del mobiliario que permita adaptar el espacio sin moverlo todo cada vez.
Mezcla inteligente de tipologías de asiento
No todos los clientes quieren exactamente lo mismo ni buscan la misma experiencia en un bar. Algunos prefieren sentarse en la barra directamente, cerca de la acción y del producto. Otros buscan un sofá cómodo donde hundirse un rato. Otros quieren mesas altas tipo cocktail para estar de pie o en taburete. Y otros necesitan una butaca individual cómoda donde leer o simplemente observar.
Combinar conscientemente distintas tipologías de asiento en el mismo espacio genera un paisaje social muchísimo más rico, más dinámico, y permite que cada cliente encuentre “su lugar” de forma natural y sin esfuerzo. Un bar con todas las mesas exactamente iguales, con todas las sillas del mismo modelo, tiende inevitablemente a ser un bar sin alma, sin personalidad, sin vida propia.
Relación estratégica con el lobby y con el exterior
Cuando la cafetería-bar se abre visualmente al lobby principal y, si es posible según la configuración del edificio, también a una terraza exterior cubierta o descubierta, se convierte automáticamente en un nodo de paso constante y de estancia prolongada. El diseño debe evitar a toda costa barreras físicas o visuales innecesarias y plantear transiciones suaves, naturales, entre estar dentro y estar fuera, entre esperar tu turno de check-in, consumir algo tranquilamente y simplemente estar presente en el espacio.
Cuanta más vida real pasa por delante del bar, cuanta más gente circula y ve lo que pasa dentro, más oportunidades espontáneas de consumo aparecen. Es puro sentido común, pero muchos bares de hotel están escondidos, apartados, como si dieran vergüenza.
Pequeños detalles que invitan realmente a quedarse más tiempo
Enchufes accesibles y fáciles de localizar sin tener que agacharse debajo de las mesas, superficies cómodas y estables para apoyar un portátil o unos libros, buena acústica que permita mantener conversaciones sin gritar, algún rincón más recogido y protegido para quien busca intimidad. Son gestos aparentemente pequeños, casi invisibles, pero que hacen que el huésped alargue de forma natural su estancia en el espacio y, con ella, el ticket medio de consumo.
Porque si estás cómodo, si tienes donde enchufar el móvil, si puedes hablar sin que te moleste el ruido, si el sitio te gusta… pides otra cosa. Alargas. Te quedas. Y eso es exactamente lo que un bar de hotel necesita para ser rentable.
Si tu cafetería-bar desapareciera mañana de repente, ¿alguien la echaría realmente de menos… o los clientes simplemente buscarían sin pensarlo el bar más cercano fuera del hotel?
https://modernaroom.com/como-actualizar-un-restaurante-buffet-antiguo-sin-meterse-en-grandes-obras/
Contacto
Tel./whatsapp: 960702214

