Cómo planificar una reforma por fases aprovechando el cierre de temporada

Muchas reformas hoteleras fracasan no por falta de presupuesto ni por falta de buenas intenciones, sino simplemente por falta de orden y método. Se quiere hacer todo a la vez, tocar todas las zonas al mismo tiempo, y al final no se hace nada realmente bien. Planificar una reforma por fases claras, aprovechando inteligentemente cierres de temporada y ventanas de menor ocupación, permite avanzar de forma constante sin poner en jaque la explotación ni arriesgar los ingresos del año.

Leer bien el calendario real del hotel

Cada hotel tiene su propio pulso específico: temporadas altas intocables, medias con cierto margen, bajas con menos presión, semanas críticas por eventos locales o puentes. El primer paso antes de planificar cualquier cosa es cruzar ese calendario real con el alcance completo de la reforma que se quiere hacer. ¿Qué intervenciones requieren sí o sí un cierre total? ¿Qué obras admiten perfectamente hacerse con el hotel abierto y huéspedes dentro? ¿Qué trabajos se pueden resolver únicamente en horarios nocturnos o en franjas muy concretas de fin de semana?

Un buen plan de reforma respeta siempre la realidad comercial del negocio, no la fuerza ni la ignora pensando que “ya saldrá”. Porque cuando sales a mitad de temporada alta con obras, las consecuencias son inmediatas y dolorosas.

Priorizar los verdaderos puntos de dolor operativos

No todas las zonas del hotel duelen igual ni con la misma urgencia. Algunas generan quejas constantes en reseñas, problemas operativos diarios o malestar evidente en el equipo. Otras simplemente están anticuadas visualmente pero funcionan sin causar problemas graves. Mapear con honestidad esos puntos de dolor concretos ayuda enormemente a decidir por dónde empezar de forma estratégica.

Quizá sea muchísimo más urgente intervenir el buffet del desayuno que genera conflictos cada mañana, que reformar el pasillo de las plantas altas que nadie comenta nunca. Atacar primero los problemas más visibles y dolorosos mejora rápidamente la percepción del cliente y también la moral del equipo, que ve que se están solucionando cosas que llevaban años sin tocarse.

Diseñar fases completas y coherentes, no trozos sueltos sin sentido

Cada fase de reforma debería tener sentido completo por sí misma: una zona concreta que se termina del todo, se estrena oficialmente y se comunica con orgullo al cliente. Evitar a toda costa dejar espacios a medias durante meses, o mantener soluciones provisionales que se vuelven eternas, es absolutamente clave para que el huésped no tenga nunca la sensación de obra permanente e inacabable.

La sensación de avance visible y tangible motiva tanto al cliente, que ve mejoras reales cada temporada, como al personal del hotel, que siente que su lugar de trabajo evoluciona y no se queda estancado.

Alinear inversión progresiva con aprendizaje continuo

Una reforma planificada por fases permite algo tremendamente valioso que se pierde en las reformas “todo de golpe”: aprender sobre la marcha. Lo que se hace en la fase 1 puede ajustarse y mejorarse en la fase 2 a partir de la respuesta real del huésped y del feedback honesto del equipo operativo. Esa capacidad de iterar, de corregir sobre la marcha, reduce errores costosos y mejora significativamente el retorno de la inversión global del proyecto completo.

Además, permite distribuir la inversión en varios años fiscales, lo cual muchas veces facilita enormemente la viabilidad financiera del proyecto sin necesidad de endeudamiento brutal de golpe.


¿Tu próximo plan de reforma es simplemente un Excel lleno de números y partidas… o un mapa claro y visual de cómo va a transformarse tu hotel paso a paso, sin perder el rumbo ni al cliente en el camino?


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