En muchos hoteles vacacionales, el consumo interno de F&B es una oportunidad gigante completamente desaprovechada. El bar y la cafetería están ahí, cumplen su función básica, sirven lo que se les pide. Pero no invitan a quedarse, no generan ganas, no crean ese momento de “vamos a tomarnos algo”. El diseño de las zonas comunes puede convertir esos espacios en simples zonas de paso olvidables… o en auténticos motores de ingreso adicional que funcionan solos.
Visibilidad y deseo: vender antes de vender
Lo primero que vende una consumición no es el precio ni la calidad del producto. Es el deseo. Si el bar queda escondido detrás de una columna, oscuro, separado de la circulación principal del hotel, el huésped lo percibe automáticamente como un recurso secundario, casi invisible. “Ah, había un bar ahí, no me había fijado”.
Un diseño que integra visualmente la barra, el producto expuesto y el ambiente que se genera alrededor aumenta de forma brutal las probabilidades de consumo espontáneo. Ver a otros huéspedes disfrutando de un cóctel en una terraza bien iluminada, con buena música de fondo y ambiente agradable, es uno de los mejores disparadores de venta que existen. No hace falta cartelería ni promociones. Hace falta que se vea, que se desee, que apetezca estar ahí.
Flujos bien pensados, colas bien resueltas
Cuando la barra del bar coincide físicamente con el paso obligado hacia la piscina o hacia el restaurante, se generan atascos constantes. Gente que va a pedir, gente que espera, gente que solo quiere pasar. Si además la zona de pedido y la de recogida no están claras, si no hay un orden lógico, el huésped se frustra antes incluso de llegar a pagar. Y muchas veces desiste. “Déjalo, hay mucha cola, ya pedimos luego”.
El diseño debe ordenar de forma inteligente las colas, los recorridos de entrada y salida, y las zonas de espera para que pedir algo sea fácil, rápido y sin fricción. Cuanto más sencillo es consumir, más se consume. Es así de simple. Cualquier obstáculo, por pequeño que sea, es una venta menos.
Ambientes para distintos momentos del día
Un mismo espacio de bar o cafetería puede funcionar perfectamente como cafetería tranquila por la mañana, punto de aperitivo y picoteo al mediodía, y bar social con música y ambiente al atardecer. Pero para eso el diseño debe prever iluminación regulable, mobiliario versátil y disposición flexible que se adapten a estos cambios sin tener que transformar físicamente el lugar cada día.
La clave está en crear desde el principio subambientes dentro del mismo espacio: mesas altas tipo bar para consumo rápido, rincones más íntimos con sofás o sillones cómodos, zonas familiares con espacio para niños cerca, alguna mesa de trabajo informal para quien quiere un café con el portátil. Todo eso conviviendo en el mismo local pero ofreciendo experiencias distintas según lo que cada cliente necesite en cada momento.
Conexión estratégica con piscina y lobby
Cuando el bar está bien conectado visual y físicamente con la piscina y con el lobby principal, se multiplica exponencialmente su uso. El huésped puede pedir algo sin “salir” del ambiente en el que está, sin tener que cambiar de zona o hacer un esfuerzo consciente. Está en la piscina, ve el bar desde su tumbona, se levanta, pide y vuelve. Fluido, natural, sin barreras.
Terrazas cubiertas que protegen del sol directo, barras semi-exteriores que permiten pedir desde dentro o desde fuera, espacios intermedios bien diseñados que funcionan como nexo entre interior y exterior. Todo eso ayuda a que el consumo fluya de manera natural, casi automática. Porque el cliente ni siquiera percibe que está haciendo un esfuerzo por consumir. Simplemente le apetece, está ahí, y lo hace.
¿Tu zona de bar está diseñada realmente para vender… o solo para “estar ahí por si acaso alguien tiene sed”?
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