Renovar solo las habitaciones es como cambiar el sofá del salón y dejar el resto de la casa exactamente igual que en los años 90. Se nota la mejora, claro que sí. Pero también se nota el contraste. Y en un hotel, ese contraste puede jugar brutalmente en contra de la percepción global y de la capacidad real de subir precios sin resistencia.
El riesgo del “parche elegante”
Muchas inversiones recientes en hoteles de playa se han concentrado única y exclusivamente en actualizar habitaciones: nuevos cabeceros más modernos, textiles de mejor calidad, baños renovados con acabados actuales, cambio de suelos. El huésped lo agradece, obviamente. Entra en la habitación y piensa “esto está bien, se nota que han invertido aquí”.
Pero el viaje desde la calle hasta la puerta de su habitación sigue pasando por espacios que no han cambiado en décadas. Lobby con mobiliario de los 2000, pasillos con moqueta original de cuando se inauguró el hotel, zonas comunes con esa iluminación dura que ya no se usa en ningún sitio.
Cada vez que el cliente sale de su habitación renovada, vuelve a la realidad anterior. A ese hotel que era. Y esa incoherencia, aunque el cliente no la verbalice así, resta muchísimo valor al esfuerzo que has hecho. Porque la sensación que queda no es “este hotel está renovado”. Es “han reformado las habitaciones pero el resto sigue viejo”.
La experiencia no empieza ni termina en la habitación
La cadena de momentos clave en un hotel vacacional es bastante clara y predecible: llegada, check-in, primera impresión del lobby, descubrimiento de la piscina, paso por el buffet del desayuno, uso del bar por la tarde, vuelta a la habitación al final del día. Si solo uno de estos momentos es sobresaliente y el resto es mediocre o directamente malo, la valoración final del cliente será inevitablemente “normal” o “podría estar mejor”.
La habitación puede ser notable, perfecta incluso. Pero si el resto del viaje físico por el hotel es flojo, poco cuidado, sin personalidad, la nota final baja. Siempre. Porque la experiencia global es la suma de todos los momentos, no solo del tiempo que pasas dentro de cuatro paredes.
Inversión descompensada, retorno limitado
Cuando toda la inversión disponible se concentra en una sola tipología de espacio, el retorno también se limita de forma proporcional. Y aquí viene un dato que muchos hoteleros pasan por alto: las zonas comunes son las que más fotos generan en redes sociales, las que más tiempo acumulan en horas reales de uso, y las que más decisiones condicionan a medio plazo. Desde repetir la reserva hasta consumir más en F&B o recomendar el hotel a conocidos.
Un euro invertido en mejorar un gesto cotidiano en el lobby o la cafetería, algo que el cliente vive todos los días de su estancia, puede tener muchísimo más impacto en la percepción final que el mismo euro gastado en un detalle decorativo dentro de la habitación que apenas se ve o se usa.
No es que las habitaciones no importen. Importan. Pero no son lo único que importa. Ni siquiera son lo que más importa si hablamos de experiencia memorable.
Pensar el hotel como un todo coherente
El enfoque más inteligente no es plantear una batalla entre “habitación vs zonas comunes”, como si hubiera que elegir un bando. Es pensar en coherencia global, en que todo el recorrido del cliente tenga sentido, tenga el mismo nivel, transmita la misma historia.
Incluso con presupuesto limitado, y eso lo hemos visto en decenas de proyectos, es posible intervenir en elementos clave de la planta baja para que el salto entre la habitación renovada y el resto de áreas no sea tan brusco ni tan evidente. Cambios en iluminación, renovación de mobiliario estratégico, trabajo gráfico que unifique espacios, incorporación de vegetación natural, mejora de recorridos y señalética.
Son intervenciones que no requieren obra pesada ni cierres largos. Pero sí requieren pensar el hotel como un ecosistema completo, no como una colección de espacios inconexos que se van parcheando según haya presupuesto.
¿Qué recordará antes tu huésped: el nuevo cabecero de la habitación… o la sensación de caos cada mañana en el buffet?
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